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La sostenibilidad de la intervención para comprar yenes depende de la firmeza de la Fed y de las subidas del Banco de Japón

La intervención para comprar yenes del Gobierno y el Banco de Japón pone el foco en la firmeza de la Fed y la carrera de alzas

La divergencia entre Warsh y el mercado

El Gobierno y el Banco de Japón dieron el paso de intervenir para comprar yenes. La medida aprovechó un momento en que se abrió una brecha entre la visión del mercado y la postura dura marcada por el nuevo presidente de la Reserva Federal estadounidense (Fed), Warsh. El efecto para frenar la debilidad del yen dependerá de la postura de la Fed y del rumbo de la carrera de alzas de tipos con el Banco de Japón.

La intervención se realizó tras una estrecha coordinación con las autoridades estadounidenses. La puesta en escena de la cooperación entre Japón y EEUU tiene cierto poder de influencia, pero sigue siendo incierto si podrá cambiar de raíz la tendencia del mercado. El éxito o el fracaso de la intervención dependerá de si logra identificar el punto de inflexión del mercado y respaldar el momento en que cambie la tendencia.

Warsh reiteró en su comparecencia ante el Congreso a mediados de julio su determinación de poner fin a la persistencia de la inflación, incluso cuando seguían acumulándose datos débiles de precios en EEUU. El mercado reaccionó a su comunicación, limitada en número de intervenciones, y reforzó las expectativas de subidas de tipos.

Cuando el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) del día 29 decidió mantener sin cambios los tipos oficiales, el ánimo cambió. El mercado, que se preparaba para una subida sorpresa de tipos, se llevó un chasco, y también se inquietó porque en la rueda de prensa Warsh no mencionó medidas concretas para lograr la estabilidad de precios. La reacción llegó a ser una triple caída, incluida la venta de dólares.

Además, el día 30, el índice de precios del gasto en consumo personal (PCE) de junio se desaceleró, y se extendió un clima de cautela ante una nueva compra de dólares. Se cree que en ese momento entraron fuertes compras de yenes.

Efecto de la intervención y diferencias con 2024

Sin embargo, es muy improbable que la intervención de esta vez desemboque en un giro brusco del yen como el observado en 2024. Entonces, la subida sorpresa de tipos del Banco de Japón siguió a la intervención y, sumada al deterioro de las cifras de empleo de EEUU, provocó un desplome de las bolsas de ambos países. Aunque suele pasarse por alto, es importante que el deterioro de los indicadores estadounidenses condujera al recorte de tipos de septiembre.

En esta ocasión, la expectativa de subidas de tipos en EEUU retrocedió algo tras el FOMC, pero no desapareció. Además, el entorno inflacionario es distinto. Persiste el efecto del encarecimiento del petróleo, y el rápido aumento de la demanda vinculada a la inteligencia artificial (IA) ha surgido como un nuevo factor de presión al alza sobre los precios.

Sigue siendo difícil determinar si Warsh es una paloma que lleva puesta una máscara dura o si en realidad es de línea dura. Aun así, la senda que sigue para contener la inflación parece constar de tres etapas: promesa, responsabilidad y uso de herramientas. La respuesta a la subida de tipos que busca el mercado podría tardar todavía.

Por otro lado, entre los inversores también persiste la sospecha de que quizá se trate solo de ganar tiempo para evitar subidas de tipos. A medida que avanza la verificación del grupo de trabajo y a partir de septiembre, cuando empiecen a perfilarse las conclusiones, la visión del mercado parece consolidarse.

El Banco de Japón también vigila la debilidad del yen

El foco está en la comparación con el Banco de Japón. El banco central japonés mantuvo sin cambios los tipos oficiales en su reunión del día 31, pero el presidente Ueda Kazuo subrayó repetidamente en la rueda de prensa los riesgos de que la inflación se desvíe al alza y dijo que pensaba profundizar el debate sobre una subida de tipos. También reviste importancia operativa que en su informe de perspectivas situara la debilidad del yen junto al alza del petróleo y la demanda de IA como factores de presión sobre los precios, y dejara claro que será una clave para decidir una subida de tipos.

En particular, el hecho de haber incluido la debilidad del yen como principal factor al alza en el escenario base de inflación muestra una actitud de confrontar de frente la depreciación de la moneda. Si la intervención alivia la debilidad del yen, la urgencia de subir los tipos se diluirá; pero si no se produce un movimiento como el de 2024, cuando el yen llegó temporalmente a la zona de 130 por dólar, el tipo de cambio podría influir directamente en la decisión sobre los tipos.

El punto en común en las reuniones de los bancos centrales de Japón y EEUU fue cómo afrontar las presiones inflacionarias derivadas de la demanda de IA. El factor común de la inflación de la IA podría dar el pistoletazo de salida a la carrera de subidas de tipos entre Japón y EEUU. Su evolución parece que pesará mucho en el efecto de la intervención.

Mientras la sensación de crisis ante la debilidad de la moneda empuja al Banco de Japón, la solidez de la economía sigue favoreciendo a la Fed. Si Warsh se mueve de verdad para contener la inflación, la Fed también tendría más margen para subir tipos. El recorte acumulado desde el máximo reciente alcanza 1,75%. Aunque el Banco de Japón sugiera acelerar las subidas, adentrarse en una zona de tipos superiores al 1% implica la dificultad de tantear el tipo neutral. El desenlace de la competencia sigue sin poder vislumbrarse.

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